Hola, estoy de vuelta luego de 5 meses, ya casi hace un año que hice mi primera publicacion, se que han sido pocas, pero estoy seguro de que les han gustado, en este caso transcribo un cuento que elabore para presentarlo en la universidad, espero que sea de su agrado, se que puede ser algo infantil pero tambien estoy consciente que quizás encierre grandes enseñanzas para quienes realmente lo comprendan.... un saludo.
ISIS: LA RANA AMARGADA
El estanque estaba lleno de renacuajos, todos ellos amarillos y verdes, allá abajo, en la profundidad casi inmóvil estaba Isis la sapa mas vieja. Sus ojos se movían rápidamente; mientras observaba con detalle todo lo que hacían los más pequeños, se aburría de aquel acto siempre tan monótono y repetitivo.
Isis estaba exhausta, cansada de tanto descansar, así que recordó que junto a la orilla habían buenas y grandes hojas donde poder dormir una sienta de media tarde y con movimientos, muy, pero muy lentos comenzó a mover su pesado y enorme cuerpos como si un dolor muy profundo penetrase todas sus articulaciones con la malévola idea de impedirle tales movimientos… al fin, luego de tanto luchar con su extrema gordura pudo salir a flote, pero por donde pasaba solo quedaba una estela de miedo, angustias y comentarios mal intencionados; todos le temían, todos la odiaban y no por gusto o por querer dañarla. Isis era amargada, imponente, indolente y por sobre todas las cosas inaccesible. Nunca hablaba con nadie, los pequeños renacuajos se le acercaban y ella en el mejor de los casos los ignoraba, en otros no tan buenos les contestaba mal o los maltrataba haciéndoles cosas horribles.
Cierto día y como ya era costumbre a media tarde Isis se encontraba recostada sobre una hoja al lado del estanque cuando de pronto una mosca interrumpió su "meditación”:
− Hola sapo. Exclamó Prometeo indiscretamente y con voz muy chillona.
Isis se enfureció de inmediato y mirando fijamente a Prometeo, con ganas de comérselo de una vez le dijo con voz ronca y palabras pausadas:
− ¡No!, No soy sapo, ¡soy sapa! y en mis ratos libres de distraigo comiendo moscas parlanchinas e impertinentes.
− Está bien, pero yo aún no te he dado motivos para que me comas. Exclamó Prometeo mostrando su gran sonrisa.
Ya Isis remontaba en cólera cuando replicó:
− Yo no necesito motivos… ¿o es que no te das cuenta de que yo soy la rana más vieja en este estanque?
− Así… ¿y eso tiene alguna importancia?, para mí eres igual de asquerosa y repugnante que el resto de los sapos que están acá. Yo soy joven y se que en menos de tres días ya no estaré por acá; sin embargo en mi corta y limitada vida he hecho muchos amigos, tengo una gran familia que me espera a diario y todos quieren estar junto a mi para conocer mis aventuras; a diferencia de ti que eres vieja, amargada, no tienes amigos y nadie te quiere.
La sapa ya
comenzaba a entristecerse al percatarse de la certeza de las palabras de Prometeo. Quien a su vez continuaba con sus insultos:
− A ver, ¿Quién llorará el día que mueras?, más aún, ¿tienes idea de cuantos serán felices cuando ya no estés aquí?, ¿alguna vez has imaginado como seria el estanque sin no fueras tan amargada?
Isis sollozaba:
− ¡No me digas más!, ellos me quieren, por algo soy su líder; por algo me siguen.
− Sí, ellos te siguen, pero no te respetan; por el contrario, te temen. Eres su líder porque eres vieja, pero no son felices contigo…- luego de Prometeo decirle esto a Isis hubo una pausa y un largo silencio.
Al fin Isis se da cuenta del error que ha cometido, se había alejado por completo del estanque. La sapa y la mosca se miraban fijamente, hasta que Isis no lo soportó más, bajo la cabeza un poco y en voz baja asintió:
− ¿Que puedo hacer? ¿Cómo hago para que me respeten, me quieran y me acepten nuevamente?
− Eso es sencillo, sólo tienes que ser tu misma, abrir tus patas y tu corazón a los cambios… simplemente intenta ser feliz y hacer felices a quienes están contigo.
− ¿Y eso es todo? ¿pero como hago para regresar si ahora me doy cuenta que son ellos quienes no me quieren?
− Ellos te están esperando… fueron ellos quienes me pidieron que te dijera todas estas cosas que ellos por miedo no se atreven a decirte, vamos, de prisa, levántate y vuelve al estanque.
Así fue como Isis volvía al estanque cargada de ilusiones y esperanzas, con un nuevo amigo, quien le observaba desde la orilla como Isis poco a poco se sumergía en el agua. Con el marcado deseo de reconstruir el único imperio que se encontraba en ruinas… el imperio de su corazón.
FIN.
















